Recuerdo que a finales del 2015, cuando inició mi profesión como Carpintero, tuve temor al ver como el disco de 12 pulgadas de la sierra ingletadora, se devoraba la madera entre mis manos. Lucía como la típica escena del papá cambiando un pañal por vez primera jejejejeje. Luego aprendí a cortar láminas en la sierra mesa, another scary moment. Rápidamente empecé a considerar el espesor del disco, para con la ubicación del corte. Al mismo tiempo, estudiaba la pulgada y sus fracciones, los pies y esas dimensiones.

Más adelante me apasionó el uso de herramientas manuales. Descubrí que no generaba aserrín, por lo que ya no tenía que usar mascarilla en la etapa de preparación. Dejé de usar protectores auditivos, conocí el sonido del cepillado de la madera y me enamoré de la espiral de sus virutas. Reconocí la eficiencia en los acabados, debido a la textura del cepillado respecto al lijado. Sentir la pieza en proceso, construye una relación entre mis sentidos y la madera, fomenta una conexión natural con los elementos del espacio, genera empatía hacia el ambiente y el impacto de mis actividades. Aplicar aceites con mis manos, no solo resalta la belleza de las vetas, sino que además registra sinergia entre aromas y colores.

La ergonomía tomó partido. La alineación entre el dedo índice, la muñeca, codo y hombro derecho mantienen el ángulo del vaivén del serrucho. Espalda firme, rodillas articuladas, relajo mi cuerpo. La fuerza la genera el momento. Mantengo mis ojos en la línea trazada y el enfoque en la respiración. Soy uno con el corte, el corte me une a la madera, estoy en presencia. La carpintería ha resultado terapéutica, he descubierto una vertiente de la meditación activa. Certifico que cada movimiento importa, mi posicionamiento valida el corte, más no los dientes de la sierra.

El trabajo no es solo físico. Con el paso del tiempo disminuye la concentración y las tareas parecen ser simples. Mi cuerpo ha aprendido a posicionarse, ahora mi mente requiere labor. Lluvia de pensamientos invaden la mesa de trabajo, empieza la duda. Esa semilla que germina fracaso e insatisfacción, quiere hacerme creer que el mueble quedará fuera de especificación.

Con el tiempo he desarrollado técnicas que me han permitido permanecer en enfoque en el taller. Mis colegas lo consideran una pérdida de tiempo, pero la documentación de planos me ha permitido mantenerme en página con el cliente. Como consecuencia, he disminuido los tiempos muertos en procesos de verificación. En lugar de dudar, preservo mi estado y confio en que el corte corresponde al plano aprovado. La concentración en el diseño de las uniones, aportan medidas certeras y diluyen la duda, aunque el ego siga danzando. En su danza, destella escenarios con discrepancia. Esos en donde el cliente decide no pagar, la carga se deteriora en el camino, alguna pieza faltante en la entrega, el cheque rebota.

A menudo comento que los pensamientos son como semillas, y yo decido cual germina. Trato de mantenerme consciente y regar apropiadamente cada una. No deseo germinar caos, ese que aún vive en mi estado de creencias junto con los recuerdos. Es cierto que la confianza ha sido cultivada con los resultados, y ha sido mi aliada en detener la duda. Estar en Acción Consciente no solo genera flujo y movimiento, contribuye a superar mis miedos.